Redondo

Nos conocimos en el lugar donde se camina en círculos
Se podía sentir el musgo entre los resquicios de cada ladrillo
Una silla para dos caminantes eternos
Taciturnos
Pequeñas gotas de rocío que se mezclan con el sudor de nuestros torsos desnudos
No hay descanso

Baile obligado en un silencio profuso.

Des-espera.

Estamos a solo un paso de distancia y no puedo dejar de observar cada milímetro de tu rostro y ese cosmos en donde no sé  donde  termina tu hombro y comienza tu cuello. Me pierdo en la aguda desesperación de no poder hundir mis labios en tus mejillas. Tu aroma me arranca suspiros llenos de resignación. La profunda agonía de estar tan cercano e inherentemente distante. Un sentimiento surreal que se apodera de la parte más coherente de mis pensamientos. No puedo descifrar el gran enigma en tu mirada. 

Aquí vamos de nuevo.

  Aquí vamos de nuevo, historias con puntos suspensivos que nos corretean en los pasillos. Pero ahora las rodillas son unas matracas, el cab...