-¡Esto es ridículo!
Le gritaba al hombre que miraba a través del hueco en mi estomago.
-No encontraras nada visceral ahí, solo letras que mordí del diario en el desayuno.
Aquí vamos de nuevo, historias con puntos suspensivos que nos corretean en los pasillos. Pero ahora las rodillas son unas matracas, el cab...
Tan subrealista que no se qué decir. Siemplemente, me ha encantado eso del hueco del estómago.
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