Y tú.


Mis ojos  presumen de libar el néctar de tus labios de terciopelo. La premura de mis dedos al estrechar tus cálidas mejillas llenas del polvo fino que te maquilla las ganas de soñar despierta.

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Aquí vamos de nuevo.

  Aquí vamos de nuevo, historias con puntos suspensivos que nos corretean en los pasillos. Pero ahora las rodillas son unas matracas, el cab...